Más de 123 millones de personas viven forzosamente lejos de su hogar por guerras, violencia y graves violaciones de sus derechos fundamentales. Esto supone que una de cada 67 personas en el mundo se encontraba desplazada forzosamente a finales de 2024. Estas cifras hablan por sí solas sobre la situación de las personas refugiadas.
Las personas refugiadas son aquellas que se han visto obligadas a huir de su país por sufrir persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual. A finales de 2024 había 42,7 millones de personas que habían abandonado su país de origen, mientras que 73,5 millones estaban desplazadas internamente, según los últimos datos de ACNUR.

A finales de 2024, el 69 % de las personas refugiadas procedían de cinco países. Siria continúa siendo el primer país de origen de las personas refugiadas en el mundo y, cuando se producía la caída de Asad, cerca de 6 millones de sirios y sirias permanecían fuera del país. Encabeza una lista seguida de Afganistán (5,7 millones), Ucrania (5,1 millones), Sudán del Sur (2,2 millones), Sudán (2 millones), Myanmar (1,3 millones), República Democrática del Congo (1 millón), Somalia (894 100), República Centroaficana (693 400) y Eritrea (551 200).
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La mayoría de las personas desplazadas siguieron la tendencia de buscar refugio en países vecinos (un 67 %), y el 73 % se encuentran en los países de renta media o baja. Entre los cinco principales países de acogida solo hay uno europeo: Irán, Turquía, Alemania, Uganda y Pakistán.
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La decisión de los países de la UE de blindar las fronteras y no ofrecer vías legales para solicitar asilo provoca que la mayoría tenga que arriesgar su vida en el mar, sortear vallas y alargar su recorrido. Al menos 3.363 personas perdieron la vida en 2024 tratando de alcanzar costas europeas. Se estima que al menos 40 000 personas habrían muerto en esta ruta en lo que llevamos de siglo XXI.
